El artista presenta TORNADO, su trabajo más personal, y reflexiona sobre la madurez, la inteligencia artificial, el Auto-Tune y la necesidad de recuperar la emoción dentro de la música.

Después de celebrar el amor, la amistad y el regreso a la música con BoyBand, Flavio Rodríguez vuelve con TORNADO, un álbum que nace de la necesidad de explorar una etapa más adulta y abordar asuntos como el sexo, la muerte y el paso del tiempo. En esta conversación, el referente del R&B español explica por qué nunca ha querido repetirse, reivindica la imperfección humana frente al crecimiento de la inteligencia artificial y defiende el Auto-Tune como una herramienta capaz de crear nuevos lenguajes cuando existe una intención artística detrás.

UR: TORNADO llega después de BoyBand, un disco que celebraba un sueño cumplido. ¿Qué ocurrió entre ambos proyectos para que necesitaras escribir un álbum tan diferente?

FLAVIO: BoyBand fue maravilloso. Nunca soñé que volvería a la música con tanto amor. Además, tuve el primer hit de mi vida con «Amor≠Cristal». Fue un disco muy basado en el amor de los demás, porque me adapté a los universos de todos los artistas que participaron. Para mí fue como irme de vacaciones con mis amigos.

Después de aquello tenía dos opciones. Una era seguir sacando canciones como «Amor≠Cristal», dedicarme a la música de baile e intentar montar una gira como DJ. Pero tenía otras inquietudes. Entiendo perfectamente que los números son importantes y que esto también es un negocio, pero necesitaba contar otras cosas: lo que me estaba pasando, las transiciones que estaba viviendo y quién soy ahora.

BoyBand era un disco bastante teenager, entre comillas; por eso también se llamaba así. Con TORNADO necesitaba explorar cómo podía enfrentarme, desde mi edad y mi punto de vista actual, a temas como el amor, el sexo, la muerte o las relaciones de amistad. Quería hacerlo desde la perspectiva de la persona adulta que soy ahora. Ese era el reto que realmente me apetecía asumir.

Por eso no hice BoyBand 2. En realidad, nunca he hecho una segunda parte de ninguno de mis discos. Me gusta buscar e investigar.


UR: ¿Necesitas comenzar y cerrar cada proyecto antes de pasar al siguiente?

FLAVIO: No es exactamente que no me guste alargar los proyectos. Piensa en ellos como si fueran películas y tú fueras director de cine. Después de rodar una película de ciencia ficción, quizá quieres hacer una comedia romántica desde tu punto de vista y, más adelante, una de acción.

A mí me sucede algo parecido con los discos. Hacer otro BoyBand me habría aburrido y habría sentido que me estaba traicionando. Me gusta investigar y avanzar. Ya pasamos demasiado tiempo mirando hacia atrás y pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hay que trabajar hacia delante, aportar cosas nuevas y procurar que cada álbum sirva para algo, que tenga un propósito.

Hoy parece que medimos toda la música en cantidades: cuántos temas publicas, cuántas reproducciones tienes, cuántos seguidores acumulas o cuántos likes consigues. Sé que puede sonar a discurso de persona mayor, pero creo que es verdad. En Instagram, por ejemplo, quizá sea más interesante saber quién te sigue que cuántas personas te siguen. Con la música ocurre lo mismo.

Quienes tenemos la oportunidad de publicar un álbum, dar un concierto o participar en una entrevista tenemos cierta responsabilidad. Debemos aportar algo al público y permitir que la gente crezca con nosotros. Si nos dedicamos a atontarla, tampoco nos estamos haciendo ningún favor.


UR: TORNADO es probablemente el disco más personal de tu carrera. ¿Hubo alguna canción especialmente difícil de terminar por todo lo que implicaba contar?

FLAVIO: La más difícil fue la canción que cierra el álbum, «Memento Mori». Desde que comenzamos el disco tenía guardado ese beat. Es uno de los pocos temas del proyecto que se compusieron directamente sobre un beat, como lo haría un rapero. En la mayoría de las canciones escribimos primero y desarrollamos la producción después.

Me lo guardé para el final porque me daba mucho respeto. Era un beat difícil sobre el que montarme y, además, quería hablar de la muerte. Hasta ahora casi siempre había escrito sobre chicas, mujeres, relaciones o amor. Para mí era un reto completamente nuevo.

Fui a Granada para intentar trabajarlo con Pepe y Vicente, pero terminamos haciendo otra cosa. También le pregunté a varias personas y le di muchísimas vueltas. Cruzzi me recomendó que escribiera cada noche algunos textos con las cosas que quería decir o con las ideas que tenía alrededor de la muerte.

Lo hice y funcionó. Terminé la canción cuando el álbum estaba a punto de cerrarse. Me costó muchísimo, pero estoy muy contento de haberlo conseguido. Y ahora ya tengo muchas ganas de hacer música nueva.


UR: Después de tantos años de carrera, resulta llamativo que todavía existiera un tema que no te habías atrevido a abordar. ¿Por qué crees que hasta ahora te habías centrado principalmente en el amor y las relaciones?

FLAVIO: No sé contestarte. Es una de las pocas preguntas que me han hecho en mi vida para las que no tengo una respuesta clara. Creo que vivía demasiado inmerso en la estética del R&B: amor, desamor, amor, desamor… Estaba muy condicionado por ese universo.

También es más complicado abordar determinados temas cuando cantas. No es lo mismo cantar que rapear. En una canción de rap puedes hablar de una guerra o de un conflicto político de una manera agresiva y directa. Lo veo perfectamente factible. Pero intenta cantar una canción de R&B sobre Palestina. Es muy fácil que el resultado quede fatal o parezca forzado.

Ahí está el reto: encontrar una forma de hablar sobre esos asuntos sin perder la naturaleza del género. Puedes hacer que el oyente entre en la canción pensando que habla de una relación, pero que esa relación se desarrolle dentro de otro contexto y permita tratar un tema diferente.

Ese ejercicio me ha venido muy bien. Necesito encontrar retos constantemente para no aburrirme, porque me encanta hacer música.


UR: ¿Hay artistas de la escena española que te hayan ayudado a descubrir nuevas maneras de escribir dentro del R&B?

FLAVIO: Cambié completamente mi forma de componer cuando conocí a artistas como Cruzzi, Abhir, Kiddo, Pepe Vizio, Delaossa o Choclock. Seguro que me dejo a muchísima gente y después me van a matar.

Cuando conocí a esta generación y participé en el camp de Me Muevo Con Dios, aprendí nuevas maneras de componer. Ellos me enseñaron que existían otras formas de hacer las cosas. Todos los que he mencionado son capaces de adaptar la melodía, la producción y la forma de cantar a la temática de una canción.

Hay gente que piensa que todos ellos han aprendido de mí. Espero haberles enseñado algo, pero puedo asegurar que todo lo que yo he aprendido de ellos es increíble. Me hicieron avanzar muchísimo como compositor.

Cruzzi, por ejemplo, sabe adaptar perfectamente las melodías al contenido de una canción. Aunque, por su sonoridad, parezca que está cantando una canción de amor, consigue abordar otros asuntos sin que resulte extraño o poco creíble.

Las letras son uno de los grandes retos del R&B. Personalmente, creo que es precisamente lo que más nos falla en España. Nos falta verdad. Muchas veces nos perdemos en la estética, los sonidos y otros elementos que no son tan importantes como el fondo de la canción. La pregunta debería ser: ¿qué quieres decir realmente?, ¿qué me estás contando? Para mi gusto, eso es lo que más le falta al R&B español.


UR: Musicalmente, el disco reivindica un sonido humano en una época dominada por la inteligencia artificial y la hiperproducción. ¿Crees que la música está perdiendo parte de la imperfección que la hacía especial?

FLAVIO: Esa imperfección ya empezó a desaparecer antes de la inteligencia artificial. No me matéis por sonar a señor mayor, porque yo amo el Auto-Tune, pero el Auto-Tune ya eliminó parte de eso.

Ahora les pongo discos de los noventa a chavales de generaciones más jóvenes y muchas veces me dicen: «Suena raro, parece que está desafinado». Y les respondo: «No está desafinado, es que no lleva Auto-Tune». En esas grabaciones pasan cosas. No está todo perfectamente corregido y, precisamente por eso, aparecen detalles y existe cierta humanidad.

Creo que depende de nosotros, especialmente de quienes hacemos música, mantenerla viva. En nuestro país hay muchísimos artistas que lo consiguen. El problema es que cada vez hay más cantidad de música artificial y cualquier día nos ganará completamente en número.

Nosotros tenemos que intentar imponernos en otros terrenos: la calidad, la emoción y la humanidad. No nos queda otra. Si somos predecibles, repetimos constantemente las mismas fórmulas y hacemos exactamente lo que hace la inteligencia artificial, el mundo terminará saturándose.

La IA utiliza lo que nosotros creamos para generar cosas aparentemente nuevas que, en realidad, son variaciones de lo mismo. Si nosotros también comenzamos a imitarla, ¿nuestros nietos no van a tener nuevos géneros musicales? ¿Nos vamos a quedar atrapados en un bucle en 2030? Estamos viviendo tiempos complicados.


UR: Esa normalización de la inteligencia artificial ya se está viendo en ámbitos como el diseño gráfico. Cada vez más empresas publican trabajos creados completamente con IA y apenas existe una reacción crítica. ¿Confías en que el público seguirá valorando lo humano?

FLAVIO: Tengo fe. La única que me queda es cierta fe en la humanidad. Creo que todavía somos mayoría quienes sentimos más calidez en algo creado por personas que en algo producido artificialmente.

Ya se intentó algo parecido con los NFT. A día de hoy, un cuadro pintado al óleo por una persona continúa teniendo más valor que una imagen generada con IA e impresa en una lámina.

Con la música quiero pensar que sucederá lo mismo. Snoop Dogg dijo algo parecido a que la inteligencia artificial podía ser positiva porque conseguiría que la música etiquetada como human made valiera el doble. Tampoco me imagino a miles de personas pagando 300 euros para ver en el Metropolitano el concierto de una inteligencia artificial.

La gente es muy compleja y nunca se sabe, pero todavía puedes ir a un concierto de Rosalía, verla cantar a capela y comprobar cómo llora el público. Debemos concederle una oportunidad al ser humano. Tengo la sensación de que, cuando estamos a punto de estropearlo todo definitivamente, terminamos frenando antes de hacerlo.


UR: Has señalado que el Auto-Tune eliminó parte de esa imperfección, pero también existen artistas muy respetados que lo utilizan como un elemento creativo y no únicamente como una herramienta de corrección. ¿Cómo diferencias ambos usos?

FLAVIO: Para mí depende de lo que estés haciendo y de cuál sea tu intención. En artistas como Dellafuente, Yung Beef o Bad Gyal, el Auto-Tune formaba parte de la estética y de la identidad del personaje.

Estoy muy agradecido de que se inventara porque, sin él, no tendríamos a Travis Scott, Bad Gyal, Dellafuente, Yung Beef, Cruzzi y muchos otros artistas. Nos habríamos perdido cosas increíbles.

En mi caso, el Auto-Tune me viene genial porque soy un perfeccionista insoportable. Antes podía pasarme horas en el estudio intentando grabar una sola frase. Ahora utilizamos una corrección muy suave que me ayuda con el pitch y me permite grabar de una manera más fluida.

Cuando la intención es buena, me parece perfecto. No comparto ese discurso de: «Este artista utiliza Auto-Tune, así que no tiene ningún mérito». Hay gente que hace el ridículo con Auto-Tune y hay gente que hace discos increíbles con Auto-Tune.

Lo veo como un instrumento más. Lo importante es hacer buenas canciones. Fer tiene «Me perdí en Madrid» y es un temazo. Nunca he sido enemigo del Auto-Tune. De hecho, ya hice un disco entero con Auto-Tune en 2009.


UR: Entonces, ¿utilizarlo para ocultar la ausencia de talento es muy diferente a emplearlo como un recurso creativo?

FLAVIO: Sí, pero también debemos entender que los talentos han cambiado. Desde que la tecnología tomó el control, las habilidades que valoramos dentro de la música son diferentes.

Actualmente puedes encontrarte con un chaval tremendamente creativo que enfoca toda esa creatividad en la música. Quizá no tenga las habilidades clásicas: no toca un instrumento, no afina especialmente bien o no es el mejor letrista del mundo. Sin embargo, sabe transmitir. Con un Auto-Tune, un beat de YouTube y cuatro elementos más es capaz de hacerte sentir algo.

Eso forma parte del nuevo mundo y tiene muchísimo mérito. Puede que la gente me mate por decirlo, pero imagino que en los años setenta sucedería algo parecido con Bob Dylan. No era el cantante más virtuoso ni destacaba por afinar perfectamente, pero agarraba una guitarra y conseguía transmitir.

Ahora hay chavales que, con cuatro cosas en su habitación, construyen una película y consiguen que te llegue. Eso tiene un valor enorme.

La primera tape de Dellafuente, por ejemplo, me impactó mucho. Estamos hablando muchísimo de trap en esta entrevista, pero creo que el trap fue para esta generación algo muy parecido a lo que había sido el punk.

La gente de mi edad siempre se enfada cuando lo digo, pero es verdad. Eran jóvenes con cosas que contar que no sabían cómo expresarlas. Agarraron las herramientas que tenían a mano y te lanzaron todo a la cara. Yo soy muy fan de eso.


UR: Defiendes un discurso bastante abierto hacia los nuevos lenguajes musicales.

FLAVIO: Lo que no soporto es que alguien se presente como cantante clásico de R&B o de soul y después cante fatal. Ahí sí me enfado.

Pero, si haces un disco de trap con Auto-Tune y consigues transmitir, llegar a la gente y cumplir un objetivo, me parece perfecto. Puedes hacer lo que quieras. God bless the tune.


UR: Algunos artistas han demostrado que no necesitan demasiados elementos para transmitir muchísimo.

FLAVIO: Seguimos con el trapeteo… La primera vez que escuché «Fiebre», de Bad Gyal, en una discoteca, casi me explota la cabeza. En ningún momento me puse a pensar si Alba cantaba bien o mal. Estaba bailando y alucinando con la frescura de la canción y con las cosas que decía.

Al final se trata de eso. Debes utilizar lo que tienes para crear algo que transmita. Siempre que se haga con respeto y exista una intención, me parece perfecto.


UR: Para terminar, cuando una persona escuche TORNADO por primera vez, ¿qué te gustaría que se llevara del disco?

FLAVIO: Más allá de que sea o no sea su estilo, me hace mucha ilusión que la gente aprecie las horas que hemos dedicado a la música.

Me encanta cuando alguien me dice: «Nunca había escuchado música de este estilo, pero la producción es increíble» o «Qué coros más bonitos». Eso es lo que más me llena.

Cuando presentamos BoyBand, un streamer me preguntó qué plugin utilizaba para hacer los coros. Primero pensé que se refería a la reverberación, pero me aclaró que preguntaba por el plugin de las armonías. Le contesté: «El plugin son seres humanos».

Los coros suenan así porque hay personas armonizando. Si todas las voces estuvieran colocadas de forma idéntica, sonarían como un pad. Yo soy muy old school musicalmente y que alguien valore la producción, los coros o el trabajo que existe detrás del disco me deshace como un helado.

Aunque después me diga que el álbum no le gusta, quiero que pueda reconocer que existe música detrás. Me gusta que la gente escuche el trabajo y diga: «Guau, qué bien hecho está esto».

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