Con motivo de la publicación de El arte de vivir, el octavo disco de Green Valley, hablamos con Ander, su vocalista, sobre una etapa marcada por la madurez, la familia y los aprendizajes acumulados durante más de veinte años de trayectoria. Green Valley también nos cuenta cómo surgieron sus colaboraciones con SFDK y Sho-Hai, recuerda sus inicios en la escena de Vitoria y reflexiona sobre la relación entre el reggae, el rap y el freestyle.
UR.- Este es vuestro octavo disco. ¿Con qué mentalidad entrasteis al estudio para crear El arte de vivir?
GREEN VALLEY.- Llegamos en esa etapa que va de los treinta y muchos a los cuarenta y pocos, cuando empiezas a tener una intuición más afilada y los aprendizajes se van asentando. Ya tenemos hijos, nuestros padres se hacen mayores y empiezas a preguntarte en qué momento de la vida estás tú.
Llevamos veinte años de carrera y cada disco refleja una etapa de nuestra vida. En esta ocasión nos tocaba hablar de ese momento un poco extraño y etéreo en el que los hijos todavía son pequeños, los padres comienzan a hacerse mayores y nosotros estamos en medio de todo. De ahí ha salido el disco.
UR.- Después de tantos años haciendo música y más de 250 canciones, ¿qué queríais transmitir que no hubiese aparecido antes en vuestra obra?
GREEN VALLEY.- Cada vez es más complicado decir algo que no hayamos dicho anteriormente. Llevamos muchísimas canciones, colaboraciones y discos, así que siempre intentamos encontrar una mirada diferente dentro del mensaje del reggae.
En este álbum también he contado cosas más personales. Hay una canción dedicada a la enfermedad de mi madre, que es algo que me tiene bastante trastocado, y otra llamada Lo mismo que tú, que habla de una época en la que estuve sin hablarme con mi padre y de cómo finalmente hicimos las paces.
También está Karma, que recuerda la situación que se vivía en el País Vasco a finales de los noventa, una época bastante convulsa. Después hay canciones como Olor a café, junto a SFDK, que habla del amor desde esos días en los que las cosas no salen bien, o Veneno, con Sho-Hai, que tiene un carácter mucho más festivo. Hemos intentado buscar distintos enfoques.
UR.- ¿Es habitual que el reggae trate temas tan personales y emocionales?
GREEN VALLEY.- El reggae siempre ha tenido un mensaje muy claro de respeto, unidad, amor por la naturaleza y espiritualidad. Nosotros compartimos todo eso, pero también tenemos una parte diferente con la que nuestra gente se siente representada.
Nuestras canciones hablan mucho de las emociones y de cuestiones bastante profundas. Creo que ahí está una de las características de Green Valley.
UR.- En el disco aparecen colaboraciones con artistas tan vinculados al rap como SFDK y Sho-Hai. ¿Cómo surgieron?
GREEN VALLEY.- En el caso de Olor a café, Acción Sánchez siempre me manda ritmos y me dice: “A ver si esto te cuadra, porque creo que puede sonar a ti”. Me envió una carpeta de ritmazos porque Óscar es una bestia.
En cuanto escuché el ritmo de Olor a café, escribí la canción prácticamente sin tachones. Parecía una improvisación de FMS: salió en media hora. Cuando terminé la estrofa y el estribillo pensé que a Zatu le iba a encantar.
Se la envié a Óscar y, como justo tenía un viaje programado a Sevilla, pudimos juntarnos en el estudio. Zatu la escuchó y le gustó mucho. Era una especie de bolero, pero no el típico bolero sobre el que alguien rapea. La propia melodía del estribillo tenía ese aire y se metió directamente.
Con Veneno ocurrió algo distinto. Cuando haces una canción que habla de alcohol o de fiesta, Sho-Hai te viene rápidamente a la cabeza. Nos conocemos desde hace muchos años, así que no tuvo escapatoria.
UR.- En España siempre ha existido una conexión muy fuerte entre el rap y el reggae. ¿Por qué crees que ambos géneros encajan tan bien?
GREEN VALLEY.- Creo que, en el fondo, todo viene de lugares parecidos: Jamaica y el sur de Estados Unidos. Además, aquí en España hay artistas de reggae, como Fyahbwoy, Morodo o nosotros, que estamos bastante cerca del rap.
No somos una banda de reggae completamente roots o clásica, como pueden ser otros proyectos muy buenos. Nosotros siempre hemos estado más cerca del rap y por eso ha existido tanta unión.
Para los raperos también supone abrir una puerta hacia un sonido diferente al que suelen utilizar. Es una mezcla que funciona muy bien.
UR.- Has comparado el proceso de composición de Olor a café con una improvisación de FMS. ¿Se utiliza el freestyle para componer dentro del reggae?
GREEN VALLEY.- Sí. Yo no soy especialmente de freestyle, aunque de pequeño jugueteaba más con ello que ahora. No es mi especialidad, pero conozco artistas de reggae que ponen el ritmo, se suben encima y empiezan a soltar lo que les sale.
Después arreglan algunas partes, modifican pequeñas cosas y la canción se queda así. Dentro del reggae hay bastante de eso. Hay gente con una capacidad increíble para improvisar melodías y construir canciones a partir de ese primer impulso.
UR.- ¿Consideras que este álbum representa una evolución natural o un cambio importante dentro del proyecto?
GREEN VALLEY.- Para mí el viaje simplemente continúa. Durante estos cuatro años en los que no hemos publicado un disco, yo he seguido siendo la misma persona todos los días.
Sin embargo, la gente que está escuchando el álbum, los compañeros y los medios sí perciben un escalón más en nuestra evolución. Han aparecido más canas y los aprendizajes son más amplios. Por eso creo que sí existe una evolución.
UR.- ¿Esa evolución se debe principalmente a la experiencia personal?
GREEN VALLEY.- Sí, a la vida en general, al día a día y a las nuevas inspiraciones. También hemos aprendido a manejar mejor los tiempos.
Cuando empezamos, hace veinte años, intentábamos publicar un disco cada año o cada dos años. Siempre estábamos extremadamente activos. Ahora sabemos que, cuando la inspiración está dormida, hay que esperar.
Hemos aprendido a esperar a que llegue la ola y creo que eso se nota en el resultado.
UR.- ¿Qué canción del álbum tiene un significado especialmente importante para ti?
GREEN VALLEY.- Para mí, como persona que escribe las canciones, Ama es muy especial porque habla de mi madre.
Cuando terminó el verano de 2025 pensé que el disco ya estaba acabado, aunque quería intentar hacer dos canciones más que pudiesen convertirse en temas importantes. Sin embargo, yo estaba muy afectado por la enfermedad de mi madre. Soy una persona muy emocional y todo lo que escribía terminaba llevándome hacia ella.
Finalmente decidí hacerle una canción. La escribí con cierta urgencia porque tiene una enfermedad degenerativa que avanza rápido y quería enviársela cuanto antes para que pudiera escucharla.
Es una canción muy especial. De hecho, digo en la propia letra que no sé si podré escucharla muchas veces porque me rompe por dentro.
UR.- ¿Te planteas interpretarla durante la gira?
GREEN VALLEY.- Me lo estoy pensando porque va a ser muy duro cantarla en directo.
UR.- Después de escuchar el disco completo, ¿qué sensación te gustaría que permaneciera en el público?
GREEN VALLEY.- Siempre digo algo parecido. Una persona trabaja ocho horas, duerme otras ocho y además tiene que ocuparse del camino al trabajo, las lavadoras, la compra, la comida o los niños.
Dentro del poco tiempo libre que queda, puede dedicar quince minutos, media hora o una hora a escuchar música. Si entre toda la oferta que existe decide escuchar Green Valley, me gustaría que por lo menos pudiéramos sacarle una sonrisa, darle un poco de esperanza o transmitirle algún mensaje que le mueva por dentro.
UR.- ¿Habéis recibido mensajes de personas a las que vuestras canciones hayan ayudado en momentos difíciles?
GREEN VALLEY.- Tenemos una canción muy representativa llamada No me voy a rendir. Mucha gente nos ha escrito para contarnos que esa canción le ha ayudado a salir de una depresión.
También está Si no te tengo, una canción de amor que escribí hace dieciocho años. Hay personas que la utilizan en sus bodas, incluso para el momento en el que salen durante la ceremonia.
Cuando ves algo así piensas: “Qué pasada”. Es muy fuerte haber podido representar algo tan importante para una persona.
UR.- ¿Cómo recibes la responsabilidad de que una canción que escribiste en casa termine acompañando un momento tan importante como una boda?
GREEN VALLEY.- Me hace muchísima ilusión y me siento muy afortunado y privilegiado. Sin embargo, también me da un poco de vergüenza y me impresiona esa responsabilidad. A veces me aturde pensar en la importancia que puede tener una canción para alguien.
UR.- ¿Sigue existiendo presión antes de publicar un nuevo trabajo?
GREEN VALLEY.- Siempre existe. Una semana antes de publicar un disco piensas que has hecho todo lo posible para que esté perfecto, pero todavía falta saber qué opinará la gente.
Hay un poco de presión, aunque intento pensar que quien ha hecho todo lo posible no está obligado a hacer nada más. En ese momento te rindes, dejas que el disco salga y esperas que haya suerte y que la gente esté contenta.
UR.- Green Valley nació en Vitoria. ¿Cómo recuerdas la escena del rap y el reggae de aquellos primeros años?
GREEN VALLEY.- Fue una época muy bonita. Veníamos de unos años en los que la música rap, los pantalones anchos o vestir con gorra estaban mal vistos. Todo lo relacionado con la música estadounidense generaba cierto rechazo.
De repente empezó a cambiar esa mentalidad y comenzaron a aparecer muchísimas crews y grupos. Salíamos como de debajo de las piedras. Había cierto pique entre barrios, pero era algo natural y bonito.
Muchas de aquellas bandas no consiguieron mantenerse con el paso de los años porque la gente tenía que ponerse a trabajar y continuar con su vida, pero todavía sigue habiendo mucha gente haciendo rap en Vitoria. Es algo que aporta muchísima riqueza cultural.
UR.- ¿Sigues pendiente de la escena de la ciudad?
GREEN VALLEY.- Estoy un poco desconectado porque llevo veinte años viviendo en Barcelona y me cuesta seguir todo lo que ocurre, pero sé que siguen saliendo cosas y me van llegando proyectos.
UR.- El directo siempre ha tenido una importancia especial dentro del reggae. ¿Cómo preparáis la nueva gira?
GREEN VALLEY.- Una de las diferencias es que nosotros actuamos con una banda. Ir con un selector o con un DJ también tiene su gracia, pero una banda te ofrece muchísima libertad.
Además, actualmente puedes lanzar secuencias, añadir vientos o percusiones y trabajar con un abanico enorme de posibilidades.
Nos juntamos con un productor de directos que conocemos y nos ayuda a construir el repertorio, estudiar los tonos y los tempos e introducir las canciones nuevas. También queremos cambiar algunos trucos que llevamos haciendo durante años.
Es un momento muy ilusionante. Tenemos gira por España, festivales y fiestas populares. Además, parece que en otoño volveremos a Latinoamérica, donde tenemos una conexión muy fuerte con el público y disfrutamos muchísimo de los conciertos.
UR.- ¿Cómo recuerdas las primeras veces que viajasteis a Latinoamérica y descubristeis que había gente cantando vuestras canciones a miles de kilómetros de casa?
GREEN VALLEY.- La primera vez fue en Bogotá. Llegamos con una maleta de merchandising que pretendíamos utilizar durante toda la gira. El promotor vino a buscarnos al aeropuerto, nos preguntó cuánto valía la maleta y decidió comprárnosla entera.
Al día siguiente teníamos una firma de discos y entonces entendimos por qué lo había hecho. Estuvimos ocho horas firmando y podía haber unas 2.000 personas esperando para hacerse una foto con nosotros.
Fue impresionante. Estábamos a 8.000 kilómetros de casa y toda aquella gente nos estaba esperando. Después nos ha ocurrido algo parecido en muchas otras ciudades.
Llevamos doce o trece años viajando allí y siempre ha sido espectacular. El público latinoamericano es muy cariñoso y sentimos que nos quiere muchísimo.





