El pasado viernes 9 de mayo, en el Movistar Arena de Madrid, Jorge Escorial, más conocido como Recycled J, ofreció el que, hasta la fecha, es el concierto más importante de su carrera. Y lo cierto es que dejó el listón muy alto para superarlo.
Un año y medio después de su concierto en Vistalegre, el otro gran pabellón de la capital, Recycled prometía un show espectacular. Llegaba en uno de los mejores momentos de su carrera, a pocas semanas de lanzar su proyecto más especial: “San Jorge”, un disco de nada más y nada menos que 31 temas, más de una hora y media de duración y una impresionante lista de colaboraciones que tampoco faltaron en ese día tan especial.

La gira ya llevaba varios meses en marcha, con conciertos de aproximadamente hora y media, pero Recycled había dejado claro que este no sería un concierto cualquiera. Al tratarse de una fecha especial, doblaría la duración, alcanzando las 2 horas y 40 minutos de puro espectáculo. Con una entrada espectacular y un lleno absoluto que obligó a abrir todas las fases del recinto, comenzaba así una tarde-noche en Madrid que quedará para la historia.
La primera invitada en salir fue Juicy Bae, y desde ahí se sucedieron nombres que, al igual que las colaboraciones del álbum, abarcan todo tipo de público y subgéneros. Este fue el orden de aparición:
Delaossa, Ill Pekeño y Ergo Pro, Ramos, Soukin, Alessha, Abraham Mateo, Mvrk, Israel B, Abhir, Hoke, Suave, Lua Santana, Soge Culebra, West Dubai, Gomnz y Natos y Waor.

Prácticamente, el panorama musical de un país entero concentrado en el concierto de un solo artista. El público no pudo salir más satisfecho: fue el único lugar donde se pudo ver, en el mismo escenario, a gente como Ill Pekeño y Ergo Pro junto a artistas como Abraham Mateo o Soge Culebra.
Y aunque las colaboraciones brillaron, los momentos más emocionantes fueron otros. Sin duda, uno de los más intensos fue cuando Recycled dedicó el concierto a su padre, recientemente fallecido, y esta dedicatoria apareció en las pantallas del recinto.
Durante la interpretación de “Tan Frío”, tema dedicado a su padre —una de las últimas canciones que pudo escuchar—, pidió al público que encendiera los flashes de sus móviles. Sin temor a equivocarme, puedo decir que nunca se habían visto tantos flashes encendidos a la vez en un concierto. Las luces del recinto se apagaron por completo y el pabellón quedó iluminado solo por los móviles, creando un efecto espectacular, como si la luz solar se hubiera colado en la noche madrileña.

Pero si hubo un momento emotivo y viral, fue durante las canciones “Rosario” y “Sincero”, cuando un coro de niños vestidos de chulapos y chulapas —la vestimenta típica de las fiestas de San Isidro en Madrid—, subió al escenario y cantó al unísono los coros de estos temas.
Una noche mágica, única e irrepetible, de un artista mágico, único e irrepetible. El reconocimiento a una carrera construida a base de hacer lo que le apetecía, sin preocuparse por las críticas, lo que lo ha convertido en uno de los artistas más multidisciplinares de la escena en habla hispana.





